El alcalde de esa ciudad, Darío Echeverri Serrano, gastó más de $1.100 millones en talleres para menores de edad, pero muchos no asistieron, sus teléfonos no existen o no los conocen donde supuestamente viven.

Un fraude de grandes proporciones, que incluye la falsificación masiva de documentos públicos, descubrió El Espectador en la Alcaldía de Barrancabermeja. Las identidades de más de 3.000 menores de edad fueron falsificadas o usurpadas.

En 2016 la Secretaría de Desarrollo Económico y Social de Barrancabermeja contrató con una fundación privada la realización de talleres de pintura, folclor, cuenteros y expresiones musicales. La entidad, Fundación para el Desarrollo Social y Científico de Colombia (Fundesocol), recibió del municipio más de $1.100 millones. A cada taller supuestamente asistieron 840 niños.

Al examinar las planillas de la Secretaría, donde supuestamente constan los nombres de los estudiantes que participaron en los talleres, El Espectador detectó todo tipo de falsedades. El nombre de Kevin Alexánder Orozco aparece en la planilla 417 como uno de los asistentes al taller de pintura que supuestamente se realizó el 21 de mayo de 2016. Orozco dijo que no asistió a ese taller. Además señaló que el documento de identidad que figura en la planilla (98012459050) no es el suyo. Tampoco tenía 14 años, sino 16. Los únicos datos que no son falsos en relación con Kevin Alexánder Orozco son su nombre y teléfono de su casa.

Cristian Sajoneros, que habría participado en el taller de pintura el 13 de mayo de 2016, indicó que la información no es cierta. Su documento de identidad sí es correcto, pero no tenía seis años en 2016, como señala la planilla oficial, sino 15. La menor Astrid Atencio dijo que no asistió al taller de pintura. Su mamá confirmó la información y agregó que la niña es enfermiza y por eso nunca la sacan del colegio a otros sitios.

Thomás Sanabria negó haber estado en el taller de cuenteros. “No me he metido en ningún taller”, respondió. En las planillas aparece como un menor de 14 años, pero el año pasado tenía 18 y no vive en el barrio Limonar, sino en Las Playas. Luis Alberto Camargo, de 16 años, aunque en las relaciones del taller de cuenteros figura como de 19, indicó: “Yo no he ido por ahí ni nada”. Valentina Londoño, que en la planilla aparece como de 14 años, pero tenía 16 en 2016, también expresó que no había estado en el taller.

Al taller de cuenteros supuestamente asistió Smith Dayana Drego. En realidad su apellido es Arango. Dijo que no recuerda haber asistido al evento.

En las planillas se evidencia otra falsedad frecuente: los números telefónicos no existen. Cuando El Espectador llamó a decenas de teléfonos fijos de los supuestos asistentes, con mucha frecuencia se escuchó la grabación que indica que el número no está instalado o no está asignado.

Brenda Capataz supuestamente asistió a los talleres de pintura, pero su teléfono (6027402) no está instalado. Además, su nombre aparece dos veces en las planillas, una como residente en el barrio San Judas y otra en el barrio Las Flores. Cuando presuntamente asistió al primer taller, el 3 de mayo, la hacen aparecer como una niña de 9 años y para el segundo taller, el 10 de mayo, ya figura con 13 años.

Los casos de teléfonos que no están en servicio son muy frecuentes. El teléfono de Jonathan Cordero (6100154) no está instalado. El de Yursam Peña (6107355) tampoco. El joven supuestamente asistió al mismo taller, el 4 y el 5 de mayo. La primera vez lo hicieron figurar con 16 años, y en la segunda, le rebajaron la edad a 14 años.

En otras ocasiones el teléfono fijo existe, pero no conocen al niño citado en las listas. Dayana Padilla, según la planilla de 7 años, supuestamente vive en el barrio Buenavista. En el teléfono que figura en las planillas (6021031) no la conocen. El número corresponde al restaurante Big Pollo de Barrancabermeja.

El teléfono 6201980 supuestamente corresponde a la niña Karina Riaño. Pero allí no la conocen y han tenido el mismo número telefónico hace años.

A Dewmerguiz Fonseca, de 14 años según la planilla, cuyo teléfono supuestamente es 6102187, no lo conocen en ese número, que corresponde al barrio El Chicó y no al barrio Las Flores, como señala la planilla.

A Lady Ardila no la conocen en el 6031433. El titular del teléfono lo ha tenido desde hace cuatro años. El número 6025550 corresponde a un negocio de jugos naturales, no al supuesto o real Michell Gómez, quien supuestamente asistió al taller de cuenteros.

Ni teléfonos ni direcciones

Las falsedades se repiten al llamar a los jóvenes que figuran con teléfonos celulares. Vanessa Rojas, según la Secretaría de Desarrollo Económico y Social, es una niña de 10 años que vive en el barrio Santa Isabel. Al llamar a su celular 3115872438 contestan en Zambrano (Bolívar). En ese número no conocen a la niña.

El celular de Daniela Miranda (3115191860) lo contesta en Valledupar una persona que dice que no tiene nexos con Barrancabermeja ni conoce la ciudad.

Kony Álvarez, según los registros oficiales, es una niña de 11 años que vive en el barrio Floresta de Barrancabermeja. Pero en su supuesto celular 3118323038 no la conocen. El número corresponde a la familia Rivera de Mariquita (Tolima).

La persona que contestó el celular 3212763810 dijo que vivía en una finca en Madrid, Cundinamarca, y que no conoce a Jahir Antún, el niño que según la Alcaldía de Barrancabermeja tiene nueve años y supuestamente asistió al taller de cuenteros.

Jonathan Mora supuestamente vive en el barrio Fundadores del Puerto y según la Alcaldía tiene nueve años. Pero no lo conocen en el celular 3208587684 que figura en la planilla. El número corresponde a un abonado de una vereda de Puente Nacional (Santander), a más de 200 kilómetros por carretera de Barrancabermeja.

El caso del estudiante Robby Quiroga resume las distintas falsedades de las planillas. Dijo que en 2016 no asistió a talleres de ninguna clase, antes de graduarse del colegio Real de Mares. Sin embargo, la Alcaldía de Barrancabermeja señala que asistió a tres talleres.

El 4 de mayo Robby Quiroga aparece asistiendo con su verdadero documento, pero figura con un teléfono (6203809) que no está instalado. Ese día tenía 17 años.

El 6 de mayo Robby Quiroga aparece asistiendo con su verdadero documento y con el mismo teléfono no instalado. Ese día tenía 14 años.

El 25 de mayo Robby Quiroga aparece asistiendo con un documento falso, pero con su verdadero teléfono. Ese día tenía 11 años.

Si se buscan las direcciones mencionadas en las planillas también se encuentran falsedades. Un ejemplo es el de Grace Daniela Pacheco, supuestamente residente en la Diagonal 58 N°19-26, pero esa dirección no existe en la nomenclatura urbana de Barrancabermeja. El teléfono que consigna la planilla (6105683) no está instalado. Con ese mismo teléfono inexistente aparece otra Grace Pacheco asistiendo al taller con el mismo documento de identidad de Grace Daniela Pacheco.

El paz y salvo de la contralora

En enero de 2017 la contralora municipal de Barrancabermeja, Oliva Olivella Guarín, informó en una carta al alcalde Darío Echeverri Serrano que después de investigar los talleres “la gestión en este tema fue favorable”. La investigación se hizo, según la contralora, por “denuncia interpuesta por presuntos hechos de corrupción administrativa, carrusel de fundaciones, con la fundación Fundesocol”. El paz y salvo de la contralora al alcalde se basó en un “informe de auditoría exprés”, de 163 páginas. El informe se basa en las mismas listas examinadas por El Espectador y concluyó que “revisadas las planillas se pudo verificar que se encuentran debidamente relacionados 840 niños por cada ítem”. Es decir, 3.360 para los cuatro talleres.

El Espectador pidió a la contralora una explicación sobre los teléfonos fijos inexistentes. La contralora Olivella respondió: “Este cuestionamiento se debe elevar a la empresa de telefonía y no a un ente de control”. Olivella en ningún caso desvirtuó los casos concretos de teléfonos inventados que se le plantearon.

En cuanto a los teléfonos celulares donde no conocen a los supuestos asistentes a los talleres, la contralora señaló: “Dicha pregunta es absurda e irrespetuosa para el ente de control, en ningún momento se establece que las contralorías tengan competencia de adivinanza”.

La Contraloría indicó al periodista: “Se le recomienda abstenerse de formular peticiones irrespetuosas contra las entidades públicas”. El Espectador pidió explicaciones a la contralora Olivella sobre los menores que dijeron no haber asistido a los talleres y señaló en un oficio: “Tal pregunta se sale del campo propio de la entidad”. Agregó: “No somos la entidad competente para responder sobre las personas que elaboraron, suscribieron o manipularon las planillas, o señalar cómo, por qué y cuándo se elaboraron dichas planillas”. También afirmó: “Nuestra función consiste en verificar el cumplimiento del objeto contractual”.

Oliva Olivella reconoció que la Contraloría se abstuvo de llamar a los estudiantes relacionados en las planillas, pues en su concepto no se puede entrevistar a niños de menos de 14 años, porque lo prohíben las normas de protección al menor. Anotó que “presumir una falsedad en los documentos relacionados en un expediente sería una falta gravísima para el equipo auditor; por el contrario, se debe respetar el principio de buena fe”. Olivella fue gerente del Banco de Bogotá en Barrancabermeja antes de ser contralora.

El 22 de noviembre El Espectador envió al alcalde Darío Echeverri Serrano un cuestionario detallado sobre 45 fraudes detectados. El alcalde no respondió.

Fuente, redacción e investigación de ElEspectador.com

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