¿Acaso nosotros debemos saber dónde es que tenemos que estar en estos momentos? Le atribuimos infinidad de veces los elementos que no comprendemos a seres divinos, es la salida más fácil, pero, ¿algún día nos hemos puesto a pensar sobre nuestras propias capacidades y a dónde podríamos llegar?

Vivir, existir, crecer, reproducirse, podría decirse que tiene una lógica tediosa y monótona, pero nunca hemos logrado encontrar la lógica más amplia de la existencia humana con nuestras íntimas capacidades.

Algunos seres ven el hecho de vivir como algo vano, sencillo, que simplemente debemos seguir unas conductas sociales y así hasta que nuestro cuerpo termine su funcionamiento. Pero otros encontramos otra manera de existir, analizando cada movimiento, el porqué de las cosas. Así muchos no dicen locos, pero lo interesante de la locura, es que no es aquello general. Si un día todos se volvieran locos, esa sería la normalidad, pero todavía no sabemos si la humanidad en su amplia mayoría es la que sufre de locura, y nosotros a los que nos tildan de diferentes, somos los comunes.

Si nos hubiésemos quedado viviendo en África como lo que en un principio fuimos, no tendríamos a la vida como una ciencia porque solo tendríamos un rumbo sin pensar, ni analizar, sólo vivir.

El hombre moderno sufre de raciocinio, por lo tanto debemos ver nuestra vida como una ciencia la cual su estudio debe ser generalizado. Sí, tenemos millones de personas que no tienen un rumbo en la vida, tal vez su cerebro no se ha modernizado o se hacen los retrasados para no encontrarse con la realidad existencial.

Tengamos en cuenta que esta existencia no tiene frenos, así que en demasiadas ocasiones nos toca tropezarnos contra el mundo para encontrarle lógica a muchas cosas en su momento, ya que más adelante nuestra lógica será ilógica con lo cambiante que es el mundo.

Pero como ciencia que es la vida, entendamos que se hace necesario encontrar un camino para estudiarla porque en cada momento de nuestro día nos hallamos en circunstancias en donde no sabemos si entrar o salir, si hacer o no hacer, si dejar o no dejar y de esos pequeños instantes se colma segundo a segundo aquello que intentamos realizar con empeño llamado: existir.

A pesar de ser seres razónales, nos encontramos con una pereza social generalizada, la juventud, la vejez, todo aquello que cuenta con un cerebro y que llamemos ser humano. En ocasiones comentaba que la modernidad nos convirtió en pensantes perezosos, pero pensantes en la manera más pútrida y vil, de pensamientos desechables y basura.

Nuestras capacidades no las hemos ampliado y nos mantenemos en aquellos refranes de memoria sin memoria. Como comentaba Nietzsche: “Lo perdonamos todo, porque lo comprendemos todo”, esa es la excusa, pero no es así, no comprendemos nada, no estudiamos nada, no somos nada.

Como arrogantes creemos saber muchas cosas, pero al final no hay verdad absoluta, ¿Cuál dios? ¿Cuál ciencia? ¿Cuál cerebro? Todo puede ser invento de algo que no existe, como si supiéramos que hay después de la infinidad del todo. No sabemos, no sentimos, no tenemos nada. Esto es ilógico, el existir.

Pero bueno, es importante quedarnos en lo que nuestro cerebro quiere comprender, así podemos ir entendiendo nuestra propia ciencia. Tenemos una fórmula para la felicidad: trazarnos metas, historias que queremos construir, seguir sueños, todo aquello que creemos un estándar básico de felicidad.

No nos volvamos “locos” comprendiendo todo, pero sí analicemos nuestra ciencia de vivir para que logremos virtudes diferentes, actualizadas y sociables frente a los demás.

No busquemos lo que los científicos llaman un proceso bioquímico de liberación de dopamina en el hipotálamo, el sentimiento, el amor, porque no construiremos la vida moderna y científica que queremos, más bien, quedaremos en aquella época de simios apareándose unos con otros sin considerar al prójimo. No seamos seres estúpidos, funcionales mediante órganos reproductores, maduremos nuestro cerebro, así no lo comprendamos, pero sirvámosle de algo al mundo mientras existimos fugazmente.

Atentamente: Alejo Vergel Arévalo.

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