Prontamente Donald Trump asumirá oficialmente la presidencia de los Estados Unidos, pero, como presidente electo, ya ha dado algunas señales en lo que respecta a su política exterior que, como no podía ser de otra manera, son preocupantes.

Ya desde su campaña electoral Trump había hecho mucho énfasis en la renegociación de la relación de Estados Unidos con China, lo que, sin dudas debían tener a las autoridades del país oriental en vilo.

Tras las elecciones, un par de acontecimientos protagonizados por Trump —inevitablemente ligados a sus comentarios en Twitter y su poco apego a los protocolos diplomáticos, que ya son dos marcas de estilo reconocibles— hicieron que el gobierno de China pasara de estar atento a lo que ocurría en Estados Unidos a estar “seriamente preocupado”.

Resulta que en una entrevista con Fox News, Trump reveló que parte de esa “renegociación” de las relaciones que quería era presionar a China mediante la amenaza de una relación oficial con Taiwán.

Más de una China

Antes, un poco de contexto: el gobierno chino suscribe la política de “Una sola China”, un acuerdo que viene desde fines de los 70, en tiempos de Guerra Fría y el gobierno de Richard Nixon, que declara que hay una única nación-estado llamada China, que comprende a la China continental, a Hong Kong, a Macao y a Taiwán.

El gobierno de esta única China se encuentra en Pekín, y con él ha mantenido relaciones diplomáticas Estados Unidos desde 1979.

Taiwán, sin embargo, se considera a sí mismo un estado soberano y rechaza relaciones diplomáticas con países que no lo reconozcan como tal. Por ejemplo, Estados Unidos.

Con el triunfo de Donald Trump, eso cambió.

A través de Twitter, a principios de diciembre, el presidente electo de Estados Unidos agradeció públicamente la llamada que recibió de Tsai Ing-wen, el presidente de Taiwán.

Y hasta ironizó en otro tweet sobre las críticas que recibió por romper el protocolo que se ha mantenido desde 1979.

Algunos días más tarde confirmó las sospechas del gobierno chino y dijo que los Estados Unidos no necesariamente tenían que cumplir con la política de “Una sola China”.

Según informó The Guardian, esto hizo que en China algunos órganos de prensa oficiales consideraran que era necesaria una incursión militar en Taiwán: hacerle cumplir la política de una sola China por la fuerza, para evitar las presiones que Estados Unidos pueda ejercer mediante el reconocimiento oficial de Taiwán. Así que en un ataque militar chino podría terminar esta bola de nieve que comenzó con un tweet (o con una llamada, depende de dónde se mire).

Las tensiones entre Estados Unidos y China siguieron esta semana con un hecho más puntual y curioso: China se apoderó de un dron naval estadounidense en el mar del Sur de China.

Eventualmente todo se resolvió de forma pacífica: China devolvió el dron y dijo que había sido “una negociación amistosa”, aunque el pentágono no fue tan amistoso en su comunicado, diciendo que las acciones de China eran “inconsistentes con las leyes internacionales y el profesionalismo que espera entre las armadas”.

En medio de todo el conflicto, Trump volvió a procovar a China: sugirió que se quedaran con el dron.

Con todo esto, algunos especialistas indican que el enfoque de política exterior de Donald Trump será el que se conoce con el nombre de “la teoría del loco”, originado durante el mandato del malogrado Richard Nixon.

Una locura calculada

Nixon adoptó este estilo durante su confrontación internacional con los líderes del Bloque Comunista.

Así explicó Nixon su estrategia, según consignó después su jefe de gabinete en la Casa Blanca:

“La llamo la teoría del loco. Quiero que los norvietnamitas crean que he llegado a un punto en el que haría cualquier cosa con tal de que la guerra llegue a su fin.

Simplemente haremos llegar a sus oídos algo como ‘Por dios, ya sabes la obsesión que Nixon tiene con el comunismo. No podemos controlarlo cuando está furioso, y en estos momentos tiene su dedo sobre el botón nuclear’ y el mismísimo Ho Chi Minh se presentará personalmente en París rogando por la paz”

Para poner en práctica su teoría del loco, y hacerles creer a sus rivales que realmente era capaz de cualquier cosa, Nixon lanzó una alerta de guerra inminente en el ejército estadounidense (sin que la ciudadanía lo supiera) y puso bombarderos con armas termonucleares a volar cerca de las fronteras soviéticas por tres días consecutivos.

Se cree también que la Invasión de Camboya en 1970 fue otra de las medidas de Nixon para consolidar su reputación de loco.

El Washington Post sugiere que esta estrategia es precisamente la que ha adoptado Donald Trump, y que todo está fríamente calculado para que el mundo piense que está loco y es capaz de cualquier cosa.

No es que no lo sea, pero necesita evidencias fácticas.

Curiosamente, otros analistas estadounidenses consideran que es la misma estrategia que ha utilizado Vladimir Putin para negociar con países occidentales.

(Este artículo fue escrito y analizado por www.vix.com)
Categories: Alejo 1.0

Deja un comentario