Qué costumbre tan abyecta la que tenemos los Colombianos de no dejar quieta la lengua cuando intentamos señalar a alguien y de imputarle hasta delitos sin ni siquiera tener una sola prueba. Nos acostumbramos al chisme y a la violencia verbal.

Yo también digo “¡Hijueputa!”, eso es típico de nosotros, pero esas palabras tienen un contexto que a veces hasta puede ser divertido; el problema es que no sabemos analizar el lugar ni el momento en que podemos o debemos soltar palabras de ese calibre.

No quiero profundizar en las palabras que considero unos coloquialismos de Colombia, el tema en concreto es el del caso del Bombero de Bogotá.

Ahora con todo esto de las redes sociales, los blogs, los periódicos digitales, estamos todos vulnerables y expuestos. Haga algo chistoso o estúpido y subalo a internet inocentemente, cuando sienta es el bullying tan enorme que se le vendrá encima.

Con el bombero pasó lo siguiente: en un evento de “Bomberitos” un niño perdió la vida y el Bombero que se suicidó estaba a su cargo, claro, después de esa tragedia al Bombero le quedó un remordimiento terrible y súmele a eso la presión tan absurda e irresponsable de los medios de comunicación y las personas en redes sociales.

¿Quién se va a aguantar todo eso? Es que en internet somos una manada de salvajes que cuando alguien comete un error, caemos como leones a la presa. No hemos aprendido a usar las herramientas de la nueva era tecnológica.

Al Bombero no le quedó otra salida que la del suicidio, que en lo personal, me parece algo cobarde, pero que tampoco nuestro cerebro está evolucionado por ahora, para aguantar tanta presión de culpabilidad que le inducían las miles de personas diariamente por diferentes medios.

En Colombia somos una manada de chismosos, de lengua larga, vivimos de llevar para todos lados la vida de los demás. Si alguien comete un error, aparecen aquellas personas con una doble moral tan hijueputa, que se creen con la capacidad y autoridad para criticar a los demás sin ver cómo son ellos mismos.

Pobre Bombero, un héroe más de nuestra patria que pierde su vida gracias a unos estúpidos que no son capaces ni de salvar una hormiga. Pero así vamos, un paso adelante y tres atrás, como dijo un día un sacerdote que asesinaron en mi pueblo.

Oigan, los accidentes existen, el caso del Bombero fue un accidente, son cosas que pasan en la vida y que a veces no podemos evitar o por consecuencias de nuestra propia humanidad, porque no somos perfectos, no percibimos ni recordamos prevenir. Aunque se me olvida, nosotros, una manada de animales, imperfectos, nos creemos la perfección del universo. Egocéntricos. Chismosos.

Por último, qué podemos esperar de un país que prefiere la guerra y no la paz; que sus gobernantes se roban todo el dinero y no hacen nada, pero lo que da más rabia es que los borregos idiotizados siguen votando por los mismos aunque vean el edificio que ha construido el Alcalde de turno con nuestro dinero en toda nuestra nariz; un país que le toca invertir más en armas, que en educación.

Grave sí estamos, pero tenemos solución. Muchos queremos hacer algo bien, pero necesitamos más gente que se preocupe también por el bienestar del planeta y del prójimo.

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